010_10bLlevo todo el fin de semana dándole vueltas al premio Nobel concedido a Obama y la polémica que se ha creado en torno a la decisión del Comité Sueco. Esta mañana he descubierto una interesante reflexión en el blog de Enrique Meneses :

Pinceladas: Mi padre y Obama

No, no se conocieron ni se conocerán, porque si viviese, mi progenitor tendría 115 años, pero sí tienen algo en común. Según mi padre, la gente es necia por dar la propina al personal el día que abandona un hotel. “Hay que darla en el momento en que tomamos posesión de nuestra habitación. Así nos aseguramos un buen servicio durante toda nuestra estancia.” El Comité del Premio Nobel de la Paz, ha aplicado el mismo criterio que mi padre a la hora de recompensar futuras actitudes del Presidente de los EE.UU. El Premio Nobel de este año es una clara invitación a promover el desarme y el entendimiento entre enemigos en zonas candentes del mundo. Una propina por adelantado.

Yo iría más allá. ¿Es una propina o una forma de presionar a Obama para que haga lo que se espera de él? ¿Le quitarán el premio si inicia una nueva guerra o si no cumple con las expectativas? De momento, parece que la estrategia da resultado y Obama ha hecho una nueva promesa, en esta ocasión a favor de los homosexuales. Quizás no haya sido tan mala idea esto del Nobel.

Viñeta: Medina (Publico)

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Durante la última semana, la palabra tortura, o cualquier otra de su misma raíz semántica, ha inundado los periódicos de medio mundo. La razón ha sido los cuatro informes que ha desvelado la Casa Blanca sobre los “métodos” utilizados por la CIA con sus prisioneros  entre 2002 y 2005 y todas las declaraciones que han rodeado a esta publicación. “Métodos” que según ellos no son tortura, aunque según gran parte de la opinión pública, sí lo son.

Pegar una patada en el estómago no es tortura. Hacer creer a un prisionero que lo van a ahogar tampoco. Utilizar sus fobias para aterrarlo, mucho menos. Vamos, que si no te deja cicatriz, no es tortura. A veces creo que nos están llamando gilipollas a la cara y se piensan que ni siquiera nos vamos a enterar.

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Por fin llegó. Barack Obama llega a Europa y trae consigo las esperanzas de muchos europeos, no sólo porque es probablemente el único que puede arrancar un verdadero acuerdo de la reunión del G-20, si no porque sobre la mesa hay otros muchos temas importantes, como la proliferación nuclear o el cambio climático. Esta visita dará además a Zapatero su primera oportunidad para reunirse con el presidente estadounidense y solucionar en persona las meteduras de pata con las que se ha comenzado la relación, especialmente por la retirada de las tropas españolas de Kosovo, a pesar de que Biden ya se dio por satisfecho con la visita en Chile.

Lo cierto es que los retos son tan ambiciosos que sólo cabe prever una decepción y esperar que algo nos sorprenda positivamente. Pero como decía hoy un oyente en la radio, estas cumbres no son más que “puro teatrillo”. A ver si de los bastidores sale algo interesante.

Ver la agenda de Obama

Foto: AFP

whitehouseAyer, mientras todo el mundo se regalaba en elogios hacia Obama y no hacía más que repetir que el cambio había llegado al mundo, incluida la Casa Blanca, yo seguía con mi escepticismo, que ya expliqué en otro post. Si el cambio ha llegado o no, lo dirá el tiempo. Mientras, Obama ya ha comenzado con buen pie, ordenando el cese de los juicio de guerra en Guantánamo durante 120 días. A ver si al final va a ser verdad…

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Alguien me preguntó ayer: “Laura ¿no estás contenta? Ha ganado Obama”. Yo reflexioné unos segundos y me di cuenta de que no, no estaba contenta. “¿Pero por qué?, si era lo que tú querías, lo que decías que era lo más adecuado”, continuaba mi interlocutor, casi recriminándome.

Me hizo gracia su reacción, echándome una cariñosa regañina por el simple hecho de que no estuviera dando saltos de alegría. “Pero si la historia acaba de cambiar”, decía. Pues yo no estoy de acuerdo. La historia, al menos esta historia, ya lleva muchos meses escribiéndose. Yo no tenía ninguna duda de que Obama iba a ganar y por ello mi felicidad se ha ido diluyendo en el transcurso de las semanas. Lo que más me preocupa ahora es que ayer me sentí en esa espiral del silencio que nos enseñan a los recién llegados a la Facultad de Periodismo. Cuando la masa dice algo, hay que ser muy valiente para decir lo contrario. Y yo ayer ni siquiera pensaba lo contrario y aún así fui recriminada. Por eso Obama no podía perder, porque él era el centro de la espiral.

De todas formas soy algo escéptica y hasta que Obama no tome las riendas no me creeré esto del cambio. Yo soy de las que piensa que gobernar mal es fácil, pero gobernar bien es una tarea poco menos que imposible. Así que sólo espero que, a la voluntad que ha demostrado Obama, se le una la posibilidad de llevar a cabo sus políticas. Y, entonces, sí que estaré contenta.