202304_4704Hoy ha sido un día agridulce. Tras varios meses de negociaciones, la Comisión de Conciliación entre el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea ha llegado a un acuerdo sobre el paquete de telecomunicaciones. La gota dulce la pone un texto donde se contemplan más derechos de los que muchos esperábamos y que garantiza que sólo se podrá desconectar internet a un usuario “si resulta necesario y proporcionado, sólo después de un procedimiento justo e imparcial que respete el derecho del usuario a ser escuchado”.

La dulzura no llega a exigir la orden judicial que había pedido el Parlamento Europeo, pero los juristas han determinado que esa claúsula obligaría a una armonización de los sistemas judiciales, algo que no entra dentro de las competencias de la UE. No obstante, el texto garantiza el derecho a una revisión judicial del procedimiento. Además, las medidas que regulen el acceso y uso de internet deberán respetar los derechos fundamentales y se mantiene en todo caso la presunción de inociencia.

El toque agrio lo pone la indefinición del texto, en el que no se especifica cuál es el procedimiento  mínimo al que se tiene derecho ni qué significa “necesario y proporcionado”, entre otros aspectos [María aclara en un comentario que las definiciones se encuentran recogidas en otros textos].  Habrá que ver también cuál es el uso que finalmente hacen los operadores de su poder de limitar o bloquear ciertos servicios o webs, punto ya aprobado anteriormente y que por tanto no se debatió en la Comisión. 

Las desconexiones quedarán además a cargo de cada Estado miembro, quienes decidirán los procedimientos y las sanciones, lo que probablemente ponga trabas a la pretendida armonización de las telecomunicaciones en Europa que persigue el texto. 

Los defensores de los usuarios también analizan el texto de forma agridulce. Así el eurodiputado del Partido Pirata, Christian Engström, asegura en su blog que no es el mejor de los textos posibles pero que es un paso en la dirección correcta.

En definitiva, se trata de un arma de doble filo, que puede suponer una mejora en los derechos o una restricción de los mismos, pero que en todo caso es mejor que lo que el Consejo de Ministros proponía en un principio. Pero como dice Engström en su blog, este no es el fin de la lucha por un internet libre y abierto.

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