Union-europeaEsta mañana he recibido un mensaje de mi compañía de teléfonos y por una vez no eran malas noticias. ” A partir de ahora tus mensajes al extranjero costarán 0.13 euros en lugar de 0.75″, decía. En ese momento pensé: pues es cierto eso que dicen de que las leyes aprobadas en el Parlamento Europeo sirven para algo. Obviamente a mi compañía teléfonica, Belgacom, una especie de Teléfonica a la belga (con el mismo principio chupasangre), no le ha dado un arrebato de solidaridad, sino que se ha visto obligada a cumplir la legislación aprobada hace menos de un mes en el Parlamento Europeo.

La verdad es que yo, que tanta apología hago del voto en las elecciones europeas, no sé a quién votar. Lo que si sé es que no pienso votar a un partido cuyo principal discurso sea la defensa de su propio país (en este caso España) en lugar de la defensa de un sistema común. El otro día pude asistir a una conferencia de Felipe González en la que el ex-presidente español (quien por cierto encandiló a la sala a pesar de ser el único que no habló en inglés) pronunciaba la siguiente frase:

Estoy seguro que durante las próximas semanas oiré mucho hablar de España, de Francia, de Italia o de cualquier otro país, pero muy poco de Europa.

Razón no le falta, en parte, aunque, por suerte, creo que se equivoca, también en parte. La razón la tiene porque es cierto que muchos partidos, en sus campañas, caen fácilmente ante la tentación de seguir un discurso nacionalista para poder llevarse supuestamente más votos. Pero le falta, en parte, porque los ciudadanos cada vez hablan más de Europa como un conjunto y no como una asociación de Estados donde cada uno va a sacar su mayor provecho. Al menos así lo percibí ayer cuando me quedé un rato embobada delante de una de esas grandes pantallas que han instalado para mostrar los mensajes que los ciudadanos dejan en las Choice boxes. Energía, economía, igualdad e inmigración abundaban entre los mensajes donde de vez en cuando también se oía un “yo quiero para mi país”. Quizá haya pocos que se interesen por Europa, pero, al menos, los que lo hacen parece que se enteran de qué va la cosa. Ahora sólo queda que los políticos también se enteren, que luchen por una Europa única y sobre todo más democrática, porque si lo hicieran no tendrían que preocuparse más por colegios electorales vacíos.

Foto: Comisión Europea

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