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Durante la última semana, la palabra tortura, o cualquier otra de su misma raíz semántica, ha inundado los periódicos de medio mundo. La razón ha sido los cuatro informes que ha desvelado la Casa Blanca sobre los “métodos” utilizados por la CIA con sus prisioneros  entre 2002 y 2005 y todas las declaraciones que han rodeado a esta publicación. “Métodos” que según ellos no son tortura, aunque según gran parte de la opinión pública, sí lo son.

Pegar una patada en el estómago no es tortura. Hacer creer a un prisionero que lo van a ahogar tampoco. Utilizar sus fobias para aterrarlo, mucho menos. Vamos, que si no te deja cicatriz, no es tortura. A veces creo que nos están llamando gilipollas a la cara y se piensan que ni siquiera nos vamos a enterar.

Si leemos el primer artículo de la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura, ratificada por los Estados Unidos, vemos algunas lagunas:

Se entenderá por el término tortura todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas.

Como suele pasar tan frecuentemente en Derecho, el problema de este artículo es su vaguedad. ¿A partir de qué momento se considera que es grave?  Ellos ya lo han decidido: “es grave cuando no lo hacemos nosotros”.

Ante la presión de la opinión pública por esta definición distorsionada, Obama ha aceptado abrir un proceso contra los autores de los memorandos. Al mismo tiempo, pide mirar hacia delante, para no tener que acometer el enjuiciamiento de toda una Administración, la Bush, lo que podría empañar el resto de su mandato. Pero un pueblo, en ciertas ocasiones, necesita limpiar su pasado para poder seguir adelante. Y creo que éste es uno de esos momentos.

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