indios_votando1En los periódicos de ayer, especialmente en los europeos, abundaban las comparaciones entre los comiciones en la India, que comenzaron ayer y que durarán hasta el próximo 13 de mayo, y los que se celebrarán en los 27 países de la Unión Europea el próximo mes de junio. Ayer todo eran preocupaciones por la baja tasa de participación que promete las europeas, frente a los altos índices de la India. Hoy, por desgracia, las páginas se han teñido de sangre y los más reseñable en los diarios no han sido los primeros votantes, sino los primeros muertos.

India ha sido desde su independencia en 1947 un caso extraordinario, por romper con muchas de las tesis que la teoría política ha ido desarrollando sobre la democracia. Uno de esas tesis es que a mayor riqueza, mayor propensión a que se formen estados democráticos. La India no es el único país que desmiente esta teoría (que, sin embargo, sí se ha cumplido en muchos otros países), aunque el resto de ejemplos suele centrarse más en países inmensamente ricos, pero sin un ápice de libertad. Otro de esas tesis es que a mayor alfabetización, mayor participación electoral, teoría que rompen los millones de analfabetos indios que con un fervor creciente se acercan a las urnas en cada proceso electoral.

India es tan increíble que hoy los más pobres sueñan con que Mayawati, una “intocable”, el escalón más bajo de las castas y que son intocables, no por su divinidad, sino por la repulsa que causan, pueda aspirar a ser un elemento clave para formar el próximo gobierno. Hasta hace poco ni siquiera se les permitía entrar a los templos por la misma puerta que a los demás. No obstante, un primer intocable o dalit, Kocheril Raman Narayanan, ya ocupó la presidencia del país en 1997, aunque en ambos casos muchos dudan de que realmente su objetivo sea (o fuera) el defender a los más desfavorecidos.

Lo cierto es, o al menos eso dicen muchos analistas, que la corrupción amenaza cada vez más intensamente a la clase política india. Sin embargo, los indios, y especialmente los más pobres, continúan creyendo en el poder de los procesos electorales, aunque sepan que se exponen a un atentado casi seguro. Los europeos ya damos la batalla por perdida y nos alejamos cada vez más de las urnas. Sólo espero que ni unos ni otros terminemos por perder la esperanza y que ambos nos convirtamos en una antítesis (o anti-tesis) de los malos augurios.

Es especialmente interesante el artículo de La Vanguardia Para quién brilla India.

Foto: Efe

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