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Imagen: Jesús Martínez del Vas

Ramón Lobo suele tener una gran habilidad para hacer interesantes análisis, aunque el de ayer, sobre el devenir del periodismo,  sobre lo que él define como periodismo ratonero, me tocó especialmente. Lobo analiza cómo internet puede ser una de las mejor herramientas para el periodista, pero también su asesino. El periodismo es ratonero porque ahora nuestra principal arma es el ratón del ordenador, aunque también se puede convertir en una ratonera de contratos precarios, jornadas interminables y reconocimiento escaso.

Ramón Lobo es pesimista, aunque no tanto otra voz que incluye en su artículo, la de la jefa de Internacional del New York Times, Susan Chira. Me gustaría agarrarme, aunque sea un clavo ardiendo, a la idea que apunta Chira sobre que los corresponsales son más necesarios que nunca. Sin embargo, veo cómo en Bruselas desaparecen corresponsales o cómo una misma persona tiene que llevar las corresponsalías de varios medios y no puedo dejar de pensar que los directores de los medios no comparten su opinión. Y eso implica que yo probablemente no tengo mucho futuro en aquello que siempre quise hacer.

Poco después de leer el artículo de Lobo, un amigo me pasaba un artículo sobre la libertad de expresión en Vietnam, en unas líneas que se parecían tristemente a otras que se pueden leer en reportajes sobre otras decenas de países en el mundo. Medios dictados por el Gobierno, condenas a los periodistas anti-régimen o restricciones en internet se repiten por todo el planeta.  La triste conclusión es que de momento el periodismo no ha conseguido romper las barreras de la censura en la mayor parte de los países del mundo y allí donde lo ha conseguido, se está viendo seriamente amenazado. A los periodistas cada día se nos exige más, pero cada día valemos menos, debido a la equivocada idea de que ninguna información, ni siquiera la buena, merece unos euros. Nosotros sí que estamos en deflación…

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