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No es la primera vez que el progreso se lleva por delante el pasado, aunque en este caso ha sido literal. El derrumbe del Archivo Histórico de Colonia ha dejado varios desaparecidos (entre dos y cinco, según las fuentes), pero se ha llevado además varios siglos de cultura europea. Entre sus 65.000 documentos existían algunos que databan de hace más de 1.000 años, además de 104.000 mapas y planos y 50.000 carteles.

La construcción del metro por debajo del edificio es la causa más probable del derrumbamiento, aunque también se habla del mal estado de la estructura. Sea cual sea la razón, lo cierto es que incidentes como éste demuestran la poca atención que se presta a la cultura desde las instituciones públicas (quizá porque en general existe cierta apatía por todo lo que suene a culto). Se pierden documentos (como los famosos mapamundis de la Biblioteca Nacional), se abandonan instituciones y parece que sólo se promociona lo que va a dar dinero.

Por suerte, aún sigue habiendo algunos que piensan que la cultura es un valor y que el pasado debe estar presente para poder avanzar con pies más sólidos hacia el futuro. Surgen así iniciativas como Europeana (que por cierto se ha visto colapsada en varias ocasiones) o la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, que permitirán que la cultura se conserve, aunque sea digitalizada, en caso de que vuelvan a surgir catástrofes similares. Y que permitirán, además, el milagro de posibilitar un acceso más generalizado a los documentos, lo que no deja de ser una maravilla, por mucho que griten en contra las asociaciones de autores y sus aliados. Y es que por mucho que se caigan edificios, por mucho que se empeñen en descafeinarnos, la cultura es parte de nuestra esencia como sociedad,  y por eso nunca podrá derrumbarse (o al menos rezo en mi ateísmo por ello).

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