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Esta mañana, como cada mañana, estaba repasando las portadas de los diarios en kiosko.net y me sorprendían varias cosas. La primera de ellas era ver cómo en portadas de todo el mundo, incluida, por ejemplo, la del Clarín argentino, se hablaba de la reunión de ayer de los líderes europeos para preparar la cumbre del G-20 de abril, en la que, por cierto, no se propuso nada nuevo. Otra fue ver cómo Penélope Cruz eclipsaba en las portadas españolas a la bomba que ETA ponía en la sede del PSE en Guipúzcoa (Ya era hora de dejar de dar alas a su afán de protagonismo). Pero lo que más ha llamado mi atención, por su tristeza, es ver cómo los medios españoles han iniciado una batalla por ver quién publica las cifras más escandalosas sobre “inversiones” y caprichos de los políticos.

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Al menos media docena de medios españoles lanzan alguna noticia en su portada sobre supuestas corrupciones inmobiliarias o sobre grandes gastos suntuosos. El Mundo dedica incluso dos titulares, uno para Carod y otro para Michavila, aunque destaca el ingenioso Granados que ha conseguido un chalet sin pagar un euro, según Público, y los 750.000 euros que se ha gastado el Gobierno en jardines y demás tonterías, PESE A LA CRISIS. Los demás podéis verlos en las imágenes adjuntas.

Me parece totalmente lícito que los medios realicen una labor de control sobre cómo se gastan los presupuestos públicos, ya que es dinero de todos y su inversión debe estar movida por el interés público. Y probablemente no habría ni siquiera escrito este post si hace poco alguien, más concretamente alguien que trabaja para el Parlamento Europeo, no me hubiera hecho reflexionar sobre lo morbosos que a menudo somos los periodistas. “Laura, en el Parlamento Europeo podemos aprobar cada día dos o tres directivas que cambiarán la vida de los europeos, pero los periodistas sólo llaman para saber cuánto dinero nos vamos a gastar en hacer una piscina o en reparar un despacho. Es desalentador”, me decía.

la-razon-23feb Yo hubiera dicho más bien que es irritante, agobiante, indignante, exasperante que a nadie le importe un comino tu trabajo, salvo si gastas más de la cuenta. Y no intento justificar los despachos suntuosos, pero tampoco me gusta ver cómo este tipo de noticias eclipsa otras tanto o más importantes. Pero quedémonos con los eclipses positivos, así que yo hoy me quedo con Penélope y Alcobendas.

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