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Luego me dirán que el arte no sirve para nada, aunque sea para escandalizar al personal, que de vez en cuando no le viene mal. Una mural de grandes dimensiones, encargado por la República Checa para decorar el hall del Consejo de Ministros durante su presidencia, es la nueva comidilla en media Europa. El artista David Cerny ha querido estar a la altura de su polémico presidente, Vaclav Klaus, y ha creado una obra en la que cada país está representado por un tópico. Que si los franceses siempre están en huelga, que si los belgas comen todo el rato chocolate (yo hubiese puesto patatas fritas), que si en España no hay más que cemento y que si el Reino Unido simplemente no está.

Yo quería saber si Europa es capaz de reírse de sí misma, ha asegurado el autor a varios medios de comunicación.

Pues ya sabe la respuesta: NO

Lo más curioso es que a nadie le gusta que le encasillen en tópicos, pero luego siempre recurre a ellos para hablar de los demás. Cada vez que vuelvo a España, siempre me encuentro con unos cuantos personajes cuya vida es toda un tópico, lo que indudablemente lleva a muchos a hacer preguntas estúpidas:

¿qué haces viviendo en otro país, si en España no se vive en ningún otro sitio?, me preguntan a menudo

Pero ¿tú has vivido en algún otro país?, respondo con cierto mosqueo.

Pues no

Y entonces ¿cómo lo sabes?

Todo el mundo lo dice, es evidente.

En ese momento dejo la conversación porque corro el riesgo de hacer algo por lo que podrían meterme en la cárcel. En el fondo los tópicos no son tan malos, si se habla de ellos con conocimiento de causa. Es obvio que hay rasgos que unen a los habitantes de un país y que además los Gobiernos se encargan de reforzar. Y los tópicos nos ayudan a reflexionar sobre nosotros mismos (¿o es que nadie habla de por qué a un checo le ha dado por representar a España como una masa de hormigón? ¿quizá es porque se ha paseado por la costa de Benidorm?).

Volviendo a la polémica obra, yo le doy mi aprobado. Y digo sólo aprobado porque me parece fuera de tono la suerte de esvástica realizada con tramos de autopista que representa a Alemania (y de la cual, por cierto, se ha hablado mucho menos en los medios españoles).  Eso debería haber sido señalado como lo escandaloso porque  es parte de su pasado y no de su presente (y por lo tanto yo no lo considero dentro de la categoría de tópicos, como el resto) y segundo, porque, aunque así fuera, es un tema demasiado delicado como para tratarlo con tanta ligereza. Pero a pesar de ese pequeño escollo y de la polémica sobre la autoría, yo espero que durante los próximos seis meses, cuando entre el hall del Consejo de Ministros, pueda seguir riendome un poco de mí misma.

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