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El monstruo ya está aquí. El monstruo del aumento de temperaturas, de la extinción de especies, del cambio climático. Su llegada es tan evidente que hasta Obama se ha proclamado un “écolo”.  Pero la realidad es que  los líderes siguen escondiéndose debajo de la sábana, para ver si el monstruo acaba por macharse solo. Yo he de reconocer que soy escéptica ante las posibles consecuencias del cambio climático, sobre todo porque no hago más que leer en los periódicos teorías totalmente contradictorias. De hecho, una vez, el ilustre director del Centro Príncipe de Asturias de Valencia, Manuel Toharia, me decía que la amenaza del cambio climático es muy relativa y que ni él ni prácticamente nadie iba a cambiar su vida por evitar un calentamiento de la tierra. Pero a mí, los monstruos, al igual que los fantasmas, me infunden cierto respeto y aunque intento autoconvencerme de que es imposible que existan, siempre queda en mí una pequeña duda. Y por ello, yo, cada mañana, me digo: “voy a quitarme la sábana”. A ver si hoy lo consigo.

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