Yo no fumo y me pone de muy mala leche la gente que fuma a mi lado y me echa el humo encima. Esta animadversión hacia al tabaco provoca que los productores de este molesto vicio no se encuentren entre mis mejores amigos. Tampoco me gustan los que se dedican a cobrar subvenciones de forma continua, porque, si algo aprendí en mis clases de economía, es que esas subvenciones siempre las acaba pagando el consumidor.

Así que, esta mañana, cuando me planté en una manifestación de productores de tabaco que pedían la ampliación de las ayudas de la UE pensé ¿no podía haber una combinación peor? Sin embargo, a pesar de todos mis recelos iniciales sentí cierta empatía hacia ellos y todo gracias a este agricultor que me mostraba la foto de sus chiquillos.

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