Durante buena parte de la semana pasada me estuve planteando seriamente escribir algo sobre el G-20. Hice incluso varios bocetos que nunca vieron la luz. ¿Salvarán el sistema financiero internacional? ¿Los Estados Unidos caerán definitivamente como potencia? ¿Entrará España en el club de los poderosos? Entre tanta pregunta filosófica, por no decir estúpida, el sábado decidí airear un poco las ideas.

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Después de dar varias vueltas, entre mis pensamientos se colaron unas notas de Jimmy Hendrix. Y después vino Eric Clapton, David Bowie y toda una retahíla de clásicos que obnubilaba a los nostálgicos que pasaban por allí. Unas manos curtidas, pasadas los 60 años, aporreaban con gracia una guitarra vieja de cuerdas carcomidas, al mismo tiempo que una voz penetrante cantaba estrofas conocidas y provocaba las primeras sonrisas entre los viandantes. Y mientras que los grandes líderes se preocupaban por el futuro de los mercados financieros, varias caderas comenzaban a menearse al ritmo marcado por un simpático personaje, con un aire entre Papá Noel y Popeye (quizá sea cierto eso de que la crisis afecta a todos).

En ese momento, una pareja se acerca a dejarle algo de dinero sobre una pequeña caja de plástico de color blanco. Después un niño, y a continuación una señora de edad avanzada. Y en ese momento pienso: ¿y no será este hombre el que realmente esté salvando, con sus cotizadas sonrisas, a la economía mundial?

Y mientras la gente echaba sus monedas, me di cuenta de que para él la crisis no existía porque había comprendido perfectamente que nuestros momentos de felicidad son tan excasos que estamos dispuestos a pagar por ellos, incluso cuando podrían ser gratuitos.  Es una pena que los mercados financieros no nos den simplemente felicidad, porque si así fuera no tendríamos de qué preocuparnos.

Entre tanto anuncio de despido y tanta empresa en quiebra, las caderas se seguían moviendo al son de los acordes. Y tarde a tarde, se seguirán moviendo, y tarde a tarde, la pequeña cajita de plástico se seguirá llenando, en un mercado de la felicidad quasi perfecto que da en las narices a los líderes mundiales con sus grandes políticas mundiales.

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