Que nadie se sorprenda por el título, porque en el fondo, muy en el fondo, todos lo sabemos. No somos libres, estamos atados. El problema es que nos lo tienen que poner delante de las narices para que lo asumamos, para que lo rescatemos de ese subconsciente que nos dice que casi mejor que lo olvidemos. Sin embargo, a mi me lo han puesto delante de las narices y ahora se me está revolviendo. Y no fue un amigo, ni un familiar, ni siquiera alguien que pasaba por la calle, sino uno de esos artistas que se dedican a tocar la moral (con todo mi respeto, todo sea dicho) y que son los únicos que se atreven a ponernos frente a nuestra triste realidad.

Pues ahí estaba yo, delante de una pequeña celda de metal, que no hacía más que recordarme encima que mi esclavitud no es gratuita (un euro cada cinco minutos, concretamente). Y es que lo peor es eso, que pagamos por vivir en una jaula en la que realmente no queremos vivir.

Pero todo tiene su halo de esperanza y aquí no va a ser menos. Cuando se ha terminado tu euro, tu prisión te da una sola oportunidad durante 20 segundos para poder escapar. El que no se espabile, a seguir chupando celda. Así que ya saben, aprovechen los 20 segundos, que la vida da pocas oportunidades.

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