noviembre 2008


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Cuando desgraciadamente la violencia doméstica se cobra una víctima o cuando se celebra algún día internacional en conmemoración de la mujer, como fue el caso de ayer, siempre se escuchan gritos de “animales”, “no tenéis corazón” y toda una retahíla de insultos similares dirigidas hacia los maltratadores. Y no es que no los comparta, pero a menudo simplifican demasiado la realidad. En primer lugar, me resulta curioso  que sólo se hable del maltrato del hombre hacia la mujer y que apenas se tenga en consideración el opuesto. Ahora mismo, el lector probablemente pensará: sí, pero es que una mujer no puede matar de una paliza a un hombre. Pero puede destrozarle la vida igual. ¿O es que no has tenido nunca ningún amigo, compañero de trabajo o conocido cuya novia o mujer le controlara totalmente la vida? ¿Es que eso no es violencia? ¿violencia contra la libertad de la personas? (más…)

Antes que nada mira fijamente los ojos de esta mujer, su expresión triste, aunque politkovskaya_anna1serena al mismo tiempo. Quizá su rostro no te diga nada, pero su historia seguramente sí. Anna murió, como otros tantos, por decir la verdad, por no achantarse ante las amenazas de los que ejercen su poder con el terror. Ella se enfrentó a ellos con esa serenidad de su mirada y ellos tuvieron miedo.

Ayer mantuve una conversación con un amigo, alguien totalmente ajeno a la profesión periodística, sobre la labor que desempeñamos los medios. Él, como otros tantos, me recriminaba que habláramos de cosas sin ser especialistas o que buscáramos el morbo incluso en temas especialmente delicados. No voy a iniciar una disertación sobre las bondades del periodismo. Sólo voy a decir una palabra …. (más…)

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7:15 de la mañana. pi, pi, pi, suena el despertador. Mmmmmm, un poquito más. 7:30. BOOOOMMM. Me levanto sobresaltada, sin saber muy bien qué ha hecho que tiemble mi cama. Salgo a la calle, todavía en pijama y miro a un lado y a otro. Varios curiosos más intentan ver qué ha pasado. Izquierda. Derecha… nada.

fuego

Niii… nooo, niiii… nooo, Suenan las primeras sirenas. Esto es serio. Me enfundo unos vaqueros y un abrigo y salgo a ver de dónde ha venido la explosión. Ando algunos metros y percibo un olor a gas. Giro la esquina y veo una ventana en llamas, dentro de un edificio de cinco plantas.

No se acerquen, puede volver a explotar, grita un policía a todos los vecinos que se acercan.

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Yo no fumo y me pone de muy mala leche la gente que fuma a mi lado y me echa el humo encima. Esta animadversión hacia al tabaco provoca que los productores de este molesto vicio no se encuentren entre mis mejores amigos. Tampoco me gustan los que se dedican a cobrar subvenciones de forma continua, porque, si algo aprendí en mis clases de economía, es que esas subvenciones siempre las acaba pagando el consumidor.

Así que, esta mañana, cuando me planté en una manifestación de productores de tabaco que pedían la ampliación de las ayudas de la UE pensé ¿no podía haber una combinación peor? Sin embargo, a pesar de todos mis recelos iniciales sentí cierta empatía hacia ellos y todo gracias a este agricultor que me mostraba la foto de sus chiquillos.

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Durante buena parte de la semana pasada me estuve planteando seriamente escribir algo sobre el G-20. Hice incluso varios bocetos que nunca vieron la luz. ¿Salvarán el sistema financiero internacional? ¿Los Estados Unidos caerán definitivamente como potencia? ¿Entrará España en el club de los poderosos? Entre tanta pregunta filosófica, por no decir estúpida, el sábado decidí airear un poco las ideas.

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Después de dar varias vueltas, entre mis pensamientos se colaron unas notas de Jimmy Hendrix. Y después vino Eric Clapton, David Bowie y toda una retahíla de clásicos que obnubilaba a los nostálgicos que pasaban por allí. (más…)

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Alguien me preguntó ayer: “Laura ¿no estás contenta? Ha ganado Obama”. Yo reflexioné unos segundos y me di cuenta de que no, no estaba contenta. “¿Pero por qué?, si era lo que tú querías, lo que decías que era lo más adecuado”, continuaba mi interlocutor, casi recriminándome.

Me hizo gracia su reacción, echándome una cariñosa regañina por el simple hecho de que no estuviera dando saltos de alegría. “Pero si la historia acaba de cambiar”, decía. Pues yo no estoy de acuerdo. La historia, al menos esta historia, ya lleva muchos meses escribiéndose. Yo no tenía ninguna duda de que Obama iba a ganar y por ello mi felicidad se ha ido diluyendo en el transcurso de las semanas. Lo que más me preocupa ahora es que ayer me sentí en esa espiral del silencio que nos enseñan a los recién llegados a la Facultad de Periodismo. Cuando la masa dice algo, hay que ser muy valiente para decir lo contrario. Y yo ayer ni siquiera pensaba lo contrario y aún así fui recriminada. Por eso Obama no podía perder, porque él era el centro de la espiral.

De todas formas soy algo escéptica y hasta que Obama no tome las riendas no me creeré esto del cambio. Yo soy de las que piensa que gobernar mal es fácil, pero gobernar bien es una tarea poco menos que imposible. Así que sólo espero que, a la voluntad que ha demostrado Obama, se le una la posibilidad de llevar a cabo sus políticas. Y, entonces, sí que estaré contenta.

Que nadie se sorprenda por el título, porque en el fondo, muy en el fondo, todos lo sabemos. No somos libres, estamos atados. El problema es que nos lo tienen que poner delante de las narices para que lo asumamos, para que lo rescatemos de ese subconsciente que nos dice que casi mejor que lo olvidemos. Sin embargo, a mi me lo han puesto delante de las narices y ahora se me está revolviendo. Y no fue un amigo, ni un familiar, ni siquiera alguien que pasaba por la calle, sino uno de esos artistas que se dedican a tocar la moral (con todo mi respeto, todo sea dicho) y que son los únicos que se atreven a ponernos frente a nuestra triste realidad.

Pues ahí estaba yo, delante de una pequeña celda de metal, que no hacía más que recordarme encima que mi esclavitud no es gratuita (un euro cada cinco minutos, concretamente). Y es que lo peor es eso, que pagamos por vivir en una jaula en la que realmente no queremos vivir.

Pero todo tiene su halo de esperanza y aquí no va a ser menos. Cuando se ha terminado tu euro, tu prisión te da una sola oportunidad durante 20 segundos para poder escapar. El que no se espabile, a seguir chupando celda. Así que ya saben, aprovechen los 20 segundos, que la vida da pocas oportunidades.